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EL NUEVO MARINA DE OCEANIA CRUISES SE PRESENTA EN SOCIEDAD


Oceania Cruises, una pequeña empresa de ultra lujo cuyas naves hasta el momento provenían de la ex Renaissance Cruises y eran de la afamada “R Class” (en la acutalidad varias navieras tienen de esos barcos, Azamara y Princess, por ejemplo) ha presentado su primer buque fabricado especialmente para ellos.
Con unos detalles que lo instalan entre los barcos más finos de la industria, llegó esta semana a Miami el Oceanía Marina. Allí lo bautizaron en una pomposa ceremonia. El barco que apela al viajero de lujo extremo no sólo trajo consigo novedades. También provocó el asombro de la industria de cruceros pues la línea a la que pertenece es una empresa novel, fundada hace sólo diez años.
El Oceania Marina fue bautizado por Mary Hart, de ‘Entertainment Tonight’, en un evento donde además de la botella de champán no faltaron los violines, un guitarrista flamenco y los fuegos artificiales.
El barco, de 1,250 pasajeros desplaza 66,000 toneladas y es el primero que la compañía ha construido como dicen ellos ‘from scratch’, es decir desde cero. Los otros tres barcos que conforman la flota, el Regatta, Insignia y Náutica pertenecieron a los Renaissance Cruises antes de unirse a Oceania.

Por sus amenidades, pero especialmente por el servicio de lujo a los pasajeros, estos barcos son clasificados ‘ultra premium’. El recién estrenado Marina tiene elegantísimas cabinas consideradas entre las más grandes de la industria y una ‘Owners Suite’ con mobiliario de diseño exclusivo de Ralph Lauren.

También un ‘Canyon Ranch SpaClub’ donde ofrecen los clásicos masajes relajantes y además acupuntura, ayurveda y masajes de pareja entre otros tratamientos faciales y corporales.

Cuenta con el primer ‘Bon Appetit Culinary Center’ una escuela de cocina en el mar y nada menos que diez opciones de comida, algo muy notorio tomando en cuenta el tamaño del barco y la capacidad de pasajeros. Seis de esos restaurantes no tienen cargo.

La opción más esperada de comida fue el primer restaurante en mar o tierra que lleva el nombre del afamado Master Chef Jacques Pepin. Ese maestro culinario recreó todo el sabor y la elegancia de la comida francesa para ponerla a disposición exclusiva de los huéspedes del Marina.

Para quien busca más exclusividad tienen un ‘Chef’s Table’ para ocho afortunados huéspedes que pueden hasta crear y personalizar el menú de acuerdo a sus preferencias, con exquisitos platos que incluyen ‘Kobe beef’, langostas Brittany ‘foie gras’ y caviar.

El cargo por todo el grupo es de $1,000 y requiere reservar con mucha anticipación.

Son muchos los aspectos que ya han causado asombro y descripciones superlativas para este barco, que son los mismos que lo ponen a competir en una industria de lujo caracterizada no por el tamaño sino por las atenciones al más mínimo detalle.

Algunas de ellas son sus sábanas de 1,000 hilos, sus muebles de diseñador, trabajos artesanales en fina madera por cada esquina, pero sobre todo algo más notorio: una gigantesca escalera que domina el área de recepción comisionada a la prestigiosa línea Lalique.

El impactante trabajo artesanal hecho por la firma francesa incluye balaustres de cristal, hierro y seis columnas que adornan el área de dos pisos donde también se destacan otros ricos elementos como el bronce y la caoba. Como punto central hay una mesa ‘Cactus’ complementada con un jarrón también Lalique.

Al Marina se le unirá el Oceania Riviera que estará listo en 15 meses en el astillero Fincantieri, donde también se construyó el primero, lo que representa una inversión de $600 millones para la empresa Oceania. El barco empezó sus salidas desde Miami, desde donde tendrá viajes de 18 días hacia el Canal de Panamá, entre otros itinerarios que incluyen el Caribe.

Uno de los viajes de 12 días, saliendo y regresando a Miami, partirá el 16 de marzo y tiene precios publicados de $2,499 por pasajero. Para sus restricciones consulte a su agente de viajes. El barco se reposicionará en Europa para su temporada inaugural por el Mediterráneo durante este verano.
Fuente: El Nuevo Día/Raisa Rivas EspañoL